
Cómo aprovechar las frutas de temporada en la alimentación de tu hijo
Aprende a incorporar frutas y vegetales de manera creativa y educativa.
Propiedades de las frutas y su importancia
Las extraordinarias propiedades de las frutas se traducen en beneficios que se extienden al funcionamiento del metabolismo y del organismo en general. Aportan grandes cantidades de vitaminas y minerales, así como sustancias antioxidantes que ayudan a conservar la integridad de las células.
Además, las frutas aportan fibra, esencial para el mantenimiento del sistema digestivo.
Crear el hábito de consumir frutas todos los días
Crear el hábito de consumir frutas todos los días es una tarea que debe empezar a realizarse desde que los bebés están pequeños. De lo contrario, cuando esos niños sean adultos, será difícil para ellos incorporar las frutas dentro de su alimentación diaria.
Incorporación de frutas en las comidas
Las frutas pueden formar parte de:
- Desayunos: fruta picada con cereal o jugo de fruta natural con algún otro acompañamiento.
- Meriendas: frutas en porción, acompañadas con yogurt (si el bebé es mayor de 1 año), como una papilla o en conjunto con alguna galleta.
- Almuerzos o cenas: pueden incluirse en los frescos o ser utilizadas como postres.
Aprovechando las frutas de temporada
Frutas como la papaya, banano, naranjas, piña o manzanas, están disponibles durante casi todo el año. Sin embargo, algunas otras como los melones, mangos, fresas o jocotes, es preciso aprovecharlas en los momentos en que esté en auge la producción, de esa forma también se aprovechará a un bajo costo una fruta gustosa.
Además, en algunos países de la zona se producen frutas un poco más exóticas como el mangostán, anonas, caimitos, maracuyá, granadillas, marañones, entre otros, que vale la pena probar e ir desarrollando con ello un gusto bastante amplio por las frutas.
Formas creativas de incorporar frutas
Los bebés tienden a comer las frutas sin problema, pero unos años después, en la etapa preescolar generalmente, su gusto se limita un poco.
Eso no significa que haya que dejar de intentar introducirle las frutas. Por el contrario, más bien hay que idear formas creativas de incorporarlas:
- Cortarlas con forma de muñecos o animales.
- Servirlas peladas para facilitar su consumo.
- Relacionar los colores que presenten con juegos o historias que se les lea en cuentos.
- Combinarlas con algún otro alimento que sea de su agrado.
- Servirlas en batidos concentrados o en postres.
Asociando colores, frutas y vegetales
Las variedades de frutas y vegetales tienen distintas proporciones de fibra, vitaminas, minerales y otros compuestos nutricionales.
Entre más opciones incluyas en la dieta, mayor es la probabilidad de que tu niño tenga un adecuado consumo de estos nutrientes.
En el caso de los bebés que recién inician su alimentación complementaria a la leche materna, es importante que se "pruebe" un único vegetal o fruta por dos o tres días, para facilitar la detección en el caso de alguna reacción alérgica.
Mientras que en niños mayores de 1 año, es recomendable la mayor variedad en los alimentos posible.
Enseñando colores con alimentos
La intensión será exponer al bebé, en primer lugar, a los colores primarios. Se iniciaría con el rojo, que es para ellos el color más llamativo, luego se continuaría con el azul y el amarillo y, una vez trabajados estos, se puede continuar con el resto de los colores.
Para reafirmar el nombre de los colores, es importante incluirlos siempre, es decir, cada vez que se hable con el bebé, por ejemplo:
- Vamos a comer manzana roja.
- Te voy a poner el suéter azul.
El gusto y los 5 sentidos
El gusto es un aprendizaje que dura toda la vida, pero que echa raíces desde el embarazo. El órgano del gusto se desarrolla muy pronto. A partir del quinto mes de embarazo, el feto inicia la educación de sus papilas.
Según lo que come la madre, el bebé descubre las diferencias de sabor entre lo dulce, lo salado, lo amargo y lo ácido.
Mi pequeño omnívoro
Tu bebé, igual que tú, es omnívoro: tenemos que comer de todo para obtener todos los nutrientes que necesitamos. Esta capacidad para ingerir alimentos de lo más variados, y por tanto nuestra adaptabilidad a todos los medios, es sin duda uno de los motivos que hacen del ser humano (y de tu bebé) la especie dominante de la naturaleza.
El bebé pertenece a una cultura
Nuestra calidad de omnívoros hace que seamos los únicos en cocinar los alimentos. A la hora de despertar al sabor y adquirir nuevas costumbres, el bebé interiorizará valores propios de su sociedad.
En contacto con su familia descubrirá ciertos alimentos, que pueden gustarle o no, y aprenderá a diferenciar lo comestible de lo que no lo es.
El gusto: una paleta de sensaciones
No solo le ofrecerás progresivamente los cuatro sabores básicos (salado, dulce, amargo y ácido) sino que también podrás alternar las sensaciones térmicas (caliente, tibio y frío), las sensaciones táctiles (blando, crujiente, espumoso, meloso y otras consistencias más o menos espesas) y sensaciones visuales (por ejemplo, alimentos de colores y formas diferentes).
El gusto: un sentido que evoluciona
Del nacimiento a los 6-7 meses, se aprecia una clara preferencia por lo dulce. Hacia los 8-10 meses, lo dulce pierde terreno ante lo salado. Hasta los 12 meses, lo ácido y lo amargo resulta menos apreciado, pero no necesariamente es
rechazado. Entre los 18 y los 24 meses, el bebé empieza a afirmar sus gustos alimenticios, que contribuyen a la construcción de su personalidad.
A partir de los 24 meses, puede iniciarse la fase de neofobia alimentaria, en la que el bebé reducirá temporalmente su abanico de gustos y preferencias.
Fomentar hábitos saludables desde temprana edad es esencial para el desarrollo de tu hijo. Aprovechar las frutas de temporada no solo es beneficioso para su salud, sino también una oportunidad para educarle sobre colores, sabores y texturas.
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